Apenas eran las nueve y media y el sol, ya casi en noviembre, en vísperas de Todos los Santos, se había mostrado generoso aquella mañana en El Pinós. En el porche de El Sequé, entretanto, bajo las hojas de la parra, desayunábamos café con leche bien caliente con pan torrao, aceite, tomate y sal.
Giré la vista ligeramente hacia mi izquierda y mientras contemplaba las viñas a mi alrededor, escuché a un tiempo el silencio. El silencio del tiempo cuando se para.
Nada más parecía importar en aquel momento. Nada más pues el tiempo, como por embrujo… el tiempo parecía ya no existir.
Y el origen de ese mágico fenómeno, desarrollado desde la noche anterior, se debería, claro está, no a un único motivo. Algo tendrían que ver Cristina Maciá y Mariano Martínez —pertenecientes al grupo Maracaibo Teatro (síguelos en facebook)— con su gracia y su humor compartidos en “Me río del Miedo”.
Algo tendría que ver el menú de Halloween con el que los anfitriones —mágicas manos de artistas de la alta cocina— nos deleitasen.
Algo tendría que ver en la magia el encanto de esa casa de labranza, donde los presentes, desde el primero al último, disfrutamos como amigos todos unos de otros propiciada la armonía de la buena compañía por ese entorno óptimo en medio del Vinalopó.

José Luis García Sirvent y un servidor
Pero lo que yo creo realmente es que en el arte de la magia, Noemí y José Luis se las pintan solos. Y es por eso que como cosa de magos, con ese poco de aquí, con ese poco de allá y con ese mucho del cariño y buen hacer que le dedican a los asuntos que se proponen, como buenos magos que son, saben bien cómo, en El Sequé, en su casa, hacen que te sientas en la tuya, y de esa manera, conseguir que se
pare el tiempo.
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Al enterarse Alí de lo sucedido corrió desesperado a precipitarse al vacío por un barranco y en él encontrar la muerte. Cántara que no pudo con su dolor, se tiró al mar desde lo que después vino a llamarse “el salt de la reina mora”, terminando así con su vida, como antes lo hiciera su amado.